Rodrigo Palacios

El rumor de milonga se presentía a su alrededor. Rodrigo siempre oyó hablar acerca de bailarines y maestros de tango dentro de la familia, pero a los doce años cuando casi accidentalmente bailó su primer tango para la escuela, no imaginó que éstos se convertirían en algo tan significativo en su vida, y que pronto sería uno de ellos. Sin embargo, su interés se había despertado, y tomando la iniciativa logró reunir un grupo de chicos, que bajo la orientación de Marilina Galván y Mauro Peralta desplegó grandes experiencias creativas y habilidades grupales fuertemente destacadas en los Torneos Juveniles Bonaerenses desde 1999 hasta 2003. Creció así junto con el grupo su carácter escénico, presentándose en el Teatro Roma de Avellaneda, y en el show “El Tango y su gente” en la Manzana de las Luces.
Sus preferencias artísticas comenzaban a definirse cuando conoce a Ernesto Balmaceda, uno de aquellos familiares de los que había oído hablar a su padre y a su abuelo, y a Stella Baez con quienes comenzó a tomar clases. Enseguida le presentó a Julio Balmaceda y Corina de la Rosa, y desde ese momento no se han separado. Familiares, amigos, maestros, se convirtieron en un vínculo importantísimo en su vida y en su carrera.
Carrera que recién comenzaba, repleta de juventud, entusiasmo y ansiedades que el director Robert Duvall supo advertir, al requerirlo para que baile en su film “Assassination Tango ”. Al igual que Ivan Thillet, lo hizo para su cortometraje.
La responsabilidad y el ansia de perfeccionamiento que lo caracteriza le permitió ir más lejos, y abocándose aún más, comenzó entonces a dar sus primeras clases. Así participa en el Primer Festival de Tango organizado por el gobierno de la provincia de Tierra del Fuego: “Tango sin fronteras”(donde también realizó un show con “Los Cosos de al Lao”), y como asistente de sus maestros Julio y Corina en el Festival Buenos Aires Tango y Congreso Internacional de Tango Argentino (C.I.T.A), donde además se exhibe anualmente desde el 2004. Como así también lo hace en pistas como las de Salón Canning, Niño Bien, Porteño y Bailarín, Club Grisel, La Ideal, Torcuato Tasso y Sunderland.
A partir del 2005 es invitado a trabajar durante los tres años consecuentes en el Centro Cultural Latino Tiempo Iberoamericano, en Fukuoka, Japón como bailarín, maestro y coreógrafo. Una verdadera experiencia donde desarrolló fuertemente sus capacidades didácticas. Y estando en contacto con bailaores de flamenco supo descubrir en esa danza un nuevo interés que aportó importantes elementos a sus conocimientos técnicos e intensificó su singular actitud y musicalidad al bailar.
Allí, junto al bailaor Miguel Cañas, y los artistas plásticos Macarena Olivera y Rodrigo Herrera participó del evento “Gokan”, generando sensaciones que pusieron los sentidos de los espectadores a flor de piel. Comienza así a extender fuera de las fronteras su huella artística, su creatividad, su vocación. Manifestación emocional a través de la exaltación de aquello que se encuentra potencialmente en su interior desde la primera vez que escuchó la palabra tango, y que supo distinguir en Agustina, cuando la conoce al regresar de su viaje.